Hoy, para empezar y para que puedas decidir si te quieres quedar a escuchar este episodio, quiero que te imagines algo.
Imagínate que son las 5 de la tarde.
Te sientes algo cansada, agobiada por pendientes que tienes en la mente. Tienes planes de cenar a las 7 y media. Tal vez ni siquiera tienes hambre en este momento, pero ves una bolsa de papas.
La ves.
Te acercas.
La tomas.
La abres.
Comes unas cositas.
Se siente muy bien ese crunchy, ese saladito, y comes otras cositas.
Luego otras cositas más.
Mientras sigues comiendo empiezas a pensar: “Bueno, esto lo comí muy bien… como que ni lo siento”.
Entonces ya no solo sigues picando al poquito, sino que te vas por un plato y te sirves bien.
Y te las preparas además.
Les pones salsita.
Limoncito.
Ya sé que a varias de nosotras se nos hizo agua la boca.
Te sientas a comerte esas papas preparadas como Dios manda.
Y terminas sintiéndote súper llena.
Luego tienes que ponerte a preparar la cena para la familia.
Y lo primero que se te viene a la mente es:
“Soy un caso perdido.”
Con ese sentir de que eres un caso perdido, te pones a preparar la cena y decides que no vas a cenar, porque pues no tienes hambre.
Cenan todos.
Te sientes incómoda en la mesa respondiendo al típico:
“¿Tú no vas a cenar?”
Luego te vas a dormir con cierta sensación incómoda, porque te sientes inflamada.
Y antes de dormir haces un acuerdo contigo misma.
Un plan.
“Mañana a dieta”.
“Mañana cierro la boca”.
Duermes medio más o menos.
Y al día siguiente amaneces literalmente decidida.
Te repites frases como:
“Hoy sí”.
“Hoy sí voy a comer súper limpio”.
“Hoy voy a comer súper limitado”.
“Hoy voy a comer súper saludable”.
“Hoy voy a hacerlo perfecto”.
Pasa el día.
Tus comidas son light, limitadas, medidas.
De repente tienes hambre.
Pero tú sigues.
Te restringes.
Porque en el fondo estás convencida de que eso es lo que te mereces por haberte portado mal.
Y tarde o temprano te vuelves a ver atrapada justo en ese mismo lugar.
En el espacio de no poder resistir más.
Escapas nuevamente.
Comes de más.
Vuelves a sentir culpa.
Y vuelves a compensar.
Y así se te pueden ir los días, las semanas y hasta la vida:
restringiéndote, escapándote, castigándote, compensando.
Si te identificas con esta historia, quédate conmigo.
Vamos a hablar de algo que casi nadie considera importante y que es clave para lograr soltar el peso extra, sobre todo si lo que queremos son resultados definitivos.
Y esto es desintoxicar y transformar los pensamientos que nos mantienen atrapadas en este ciclo.
Te voy a compartir una estrategia muy simple para empezar a romper este ciclo y puedas comprobar que sí puedes bajar de peso, pero no desde el espacio de las restricciones, sino desde un espacio mucho más cómodo.
Mira, sé que solemos pensar que el problema es la falta de fuerza de voluntad.
Que el problema son nuestros antojos.
Esa comida que de repente parece que empieza a hablarnos, como en el ejemplo.
Y solemos quedarnos con pensamientos como:
“Es que soy débil”.
“Es que yo no puedo parar”.
“Es que me encantan las papas”.
“Es que la comida es adictiva”.
Pero hoy te invito a considerar algo distinto.
¿Qué tal si ni la falta de fuerza de voluntad ni tus antojos tienen el verdadero poder?
Porque mira, por un lado comemos de más por muchos motivos.
Muchas de nosotras nos acostumbramos a comer de más por costumbre.
Como respuesta a un sinfín de emociones que no estamos acostumbradas a experimentar.
Comemos de más cuando estamos cansadas.
Cuando estamos contentas.
Cuando estamos agobiadas.
Cuando estamos aburridas.
Cuando estamos tristes.
Y luego también nos acostumbramos a juzgarnos.
A castigarnos.
Y detrás de estas acciones tan automáticas lo que hay son pensamientos.
Con lo cual, el verdadero problema son los pensamientos.
Esos pensamientos que aparecen antes.
Y esos pensamientos que aparecen después.
Y ahorita mismo vayamos justo a esos pensamientos que surgen después de comer de más.
Pensamientos como:
“Soy un caso perdido”.
“Ya qué, mejor sigo”.
“Qué mal me porto”.
“Ya le fallé otra vez a mi cuerpo”.
“Nunca voy a poder bajar de peso”.
“Algo está mal conmigo”.
Estos pensamientos generan sentimientos.
Y cuando pensamos así, obviamente no nos sentimos tranquilas.
Nos sentimos culpables, frustradas, derrotadas.
Observemos este ciclo.
Llegamos a comer de más.
Sentimos culpa.
Luego viene esta necesidad de castigarnos.
Nos restringimos.
Resistimos.
Resistimos.
Resistimos.
Hasta que ya no podemos más.
Porque esto no es vida.
Y entonces pensamos:
“Me lo merezco”.
“Solo tantito”.
“Lo que sea”.
Y comemos de más otra vez.
Y empieza otra vez esta escalera.
Conozco muy bien este ciclo.
Estuve por años ahí.
Y me apasiona acompañar a mujeres a que salgan de este ciclo.
Quizás tú que me estás escuchando llevas años viviendo ahí.
Intentando hacerlo perfecto.
Intentando controlarte.
Intentando restringirte más.
Y lo que te voy a compartir hoy no es una receta para que sigas ahí restringiéndote.
La estrategia que hoy quiero compartir es la siguiente.
Para empezar, asegúrate de no estar siguiendo un plan súper restrictivo.
Yo sé que funcionan esos planes muy bajos en calorías, esos planes muy limitados.
Claro que ayudan a bajar de peso.
Pero no es algo sustentable en el tiempo.
Busca tener un plan de alimentación que sea sustentable.
Pero vamos a la estrategia.
Cuando te llegue a pasar que claramente comiste de más (y al escuchar esto quizá lo primero que piensas es: “Mónica, no me estás entendiendo, yo no quiero que me pase esto de comer de más”)
Amiga, sí te va a pasar.
Va a volver a pasar.
Y entre más lo aceptes y entre mejor aprendas a resolver esto, menos va a pasar.
Algo muy importante:
El primer paso no es comer perfecto.
El primer paso es hacer un pacto contigo de: hablarte cada día con un poquito más de amor.
Cuando te des cuenta de que la conversación que estás teniendo contigo tiene todo menos amor, pausa.
Observa los pensamientos que te estás repitiendo.
No tienes que repetirte pensamientos limitantes.
Puedes empezar con algo simple como:
“Esta vez lo voy a hacer diferente”.
“Quiero aprender a escucharme mejor”.
“Estoy aprendiendo a hacerlo diferente”.
Esto te saca de la urgencia del castigo.
Y te lleva a una conversación distinta.
Quizá el castigo y la restricción no han funcionado.
Entonces pregúntate:
¿Qué puede sentarme mejor en este momento?
Practica la pausa.
Respira.
Desde la calma es mucho más fácil descubrir qué es lo que tu cuerpo realmente necesita.
Recuerda: no tiene que ser perfecto.
Es una práctica continua.
Cuando lleguen pensamientos que te digan que necesitas castigarte o restringirte más, no te estreses.
Respira.
Y cambia la conversación.
Algo que quiero contarte:
En estos días estoy compartiendo en Instagram un reto de 21 días.
Cada día nombramos uno de esos pensamientos que nos acostumbramos a repetir y que nos hacen acumular peso.
Y cada día también comparto un pensamiento nuevo.
Muchas personas están siguiendo este reto muy fielmente.
Y por cierto, quiero agradecerles.
Cuando me comparten sus avances me emociona muchísimo y me inspira a seguir compartiendo.
Muchas están escribiendo los pensamientos, practicándolos y repitiéndolos.
Y han notado que eso les está permitiendo soltar peso extra.
Esto me emociona muchísimo.
Porque sí, cuando cambiamos el pensamiento, cambia nuestra relación con la comida, con nuestro cuerpo y con nuestro peso.
Puedes encontrarme en Instagram como @monicasosacoaching.
Sígueme y conéctate con este reto.
Creo que lo vas a disfrutar.
馃巵 Y además tengo algo más para ti.
Quiero invitarte a descargar una guía gratuita que preparé para aprender a escuchar mejor a tu cuerpo.
Ahí te explico cómo empezar a distinguir entre hambre física y hambre emocional.
Esto es profundamente empoderador.
Porque muchas veces seguimos convencidas de que el problema es la falta de fuerza de voluntad, cuando en realidad lo que necesitamos es entender mejor lo que nuestro cuerpo nos está pidiendo.
Puedes descargarla en:
Ya lo sabes, todo lo que comparto es solo una invitación a que pruebes y compruebes cómo cambiar nuestra manera de pensar puede cambiar espectacularmente nuestra manera de vivir.
Porque sí.
Puedes crear tu mejor versión.
Y puedes bajar de peso en paz contigo.
Gracias por escucharme.
Nos vemos en el próximo episodio de Puedes Hacerlo. 馃А
Con cariño,
Tu coach
Mónica Sosa
Dame por favor tus datos para poder compartir contigo cada semana estas herramientas que sé que funcionan.
* Si no recibes inmediatamente un correo de confirmación, busca por favor en el fólder de spam